Una lluvia de mails ha inundado hoy la bandeja de entrada de mi correo, el miedo, la incredulidad y el sálvese quien pueda se han apoderado de las pulsiones de mi círculo más cercano, impulsadas por una noticia publicada hoy.

Curiosamente no se trataba de ninguna guerra, no era un caso de corrupción, ni siquiera un desastre deportivo (vaya gafe el pobre Carlos por cierto). Entonces qué coño pasaba para que las manos perezosas de mis amigos despertaran de su letargo invernal y aporreran al unísono el teclado de su ordenador, como los miembros de una procesión de Semana Santa e iniciaran una marcha en duelo.
Nada grave, tan sólo que Coca-Cola ha anunciado hoy que reduce su inversión en publicidad. El número de agencias que serán amamantadas por la gran ubre de la mamá de la publicidad se reducirá a los mejor preparados. Darwin en estado brutal.
Todo en lo que creemos y gran parte de lo que queremos se viene abajo, ¿volverá Santa Claus a ser verde?, ¿mezclaremos los cubatas con Casera Cola? Sin nadie a quien ridiculizar, la cola del paro espera a los monos de Pepsi como a muchos de nosotros. ¿Es ese el destino de la Publicidad?


