
Érase una vez un hombre que vivía tumbado sobre su cama, en una habitación sin puertas, ni ventanas. No sonreía ni sufría, no amaba ni odiaba, sólo esperaba…
A los 5 años creía que las estrellas sobre su cabeza le seguían, a los 10 que era mejor dormir que despertar, a los 15 comprendió que la muerte no es reversible y a los 20 que las palabras abandono, pena y melancolía no son sólo una acumulación de letras.
Después de pasar media vida sin pensar, se dio cuenta de que estaba tan vacío como la habitación en la que vivía y que no sentía absolutamente nada.
Entonces ¿era él?



