La idea, surrealista como pocas, consistía en un Advergaming más bien espartano pero divertidísimo y con un valor muy lúdico para el usuario. El objetivo, aumentar la notoriedad de la hamburguesa de pollo.
Un señor disfrazado de pollo tras la cámara, obedece las órdenes de los usuarios, a través de un sencillo cuadro de texto.
La campaña, de Crispin Porter+Bogusky fue pionera en el desarrollo de acciones verdaderamente participativas. El tiempo de exposición media resulta muy superior a cualquier otra acción y transgresora como pocas, conectaba a la perfeccion con la imagen de Burger King.
Resultado: más de 15 millones de visitas en la primera semana y un aumento de 2 ceros en el conocimiento del producto.
Si no lo conocéis, tenéis el vídeo abajo, pero os recomiendo que visitéis la página que aún está en línea, e interactuéis, os vais a sorprender. Consejo: ordenadle que os ame, no tiene desperdicio.


